Tal y como se están poniendo las cosas en España, o mejor, cómo se pueden llegar a...
Cataratas (by David Rochas)
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My favorite.
墨破苍鹰。
Libertad. Un concepto, una idea, un sueño, un imposible, un contexto…Suelo emplear mucho el término, y la verdad, no son pocas las veces que he reflexionado sobre él (con mayor o menor a cierto). Lo único que he sacado en claro es que, posiblemente, sea el término más manipulado de nuestro vocabulario.
Personalmente, considero la libertad una forma de vida, una actitud. Libertad no es hacer lo que me de la gana, cuando me de la gana, libertad es ser autónomo, libertad es tener principios, libertad es ser transparente, libertad es responsabilidad. Autonomía para no ser dependiente, principios para no ser un vendido sin valores, transparencia para no estar sometidos al yugo de una máscara, y responsabilidad para saber respetar la libertad ajena.
La irracionalidad, la locura, lo sorprendente, lo inesperado, eso es libertad. No someterse a unos patrones, no ser predecible, no dejarse llevar. La sociedad pone moldes, nos dan a elegir que moldes queremos, pensamos que somos libres, y una mierda. Quizá no quiero un molde, quiero forjarme a mi mismo, que mis experiencias, mi voluntad y mi ser determinen mi forma, sin guías, sin muros de contención. Hacer lo que esperan que hagas, responder lo que esperan que respondas…hay opciones, pero no tienen por qué ser las correctas, a veces hay que abstraerse a otro plano.
Quizá, el problema conceptual de la libertad reside en que al intentar definirla, acabamos con ella.

Me dirigía a trabajar un rato en la librería cuando al cruzar por una paso de cebra un coche me ha arrollado, por suerte para mi, lo he visto venir y he podido amortiguar el impacto sobre su capó saliendo prácticamente ileso.
El hecho en sí tampoco es relevante, vale, el susto ha sido mayúsculo, pero por suerte (o justicia) no ha implicado nada de gravedad. Lo que sí es relevante, es la cantidad de cosas que se me pasaron la cabeza, durante y después de los hechos.
Tiempo atrás probablemente lo primero que se me pasaría por la cabeza serían cosas por el estilo de “joder, mira como me ha dejado la camisa nueva” o “dios, ¿se me habrá jodido el móvil?”. Hoy no, hoy pensé en lo que soy, lo que me rodea, personas.
Y es que desde hace tiempo, muchas cosas han cambiado a mi alrededor. Me lo jugué todo a una sola carta, error. La realidad me puso en mi lugar, tocó sufrir y bueno, todo se me echó encima. Te das cuenta de la gran mentira que has vivido y ves que en quién más confiabas es quién más daño pasa a hacerte. Se puede perdonar, se puede olvidar, pero ciertas heridas no se pueden borrar.
Pero no es esto ni mucho menos en lo que pensé. Pensé en todas aquellas personas que durante este tiempo han estado ahí. No han sido pocas, y muchas no eran esperadas. Simplemente, a veces, la gente te sorprende, y de que manera.
“Ese programa es una mierda”, “eso sólo lo ven los canis y las chonis” “la televisión os está comiendo el cerebro” “¿qué te aporta como persona un contenido tan bajo?”.
Vamos a ver, he llegado a casa después de trabajar, después de echar unas horas en la universidad, no quiero, no es el momento cuestionarme el sentido de la humanidad. Es el momento de hacer lo que me de la gana.
Yo desde luego no puedo, no consigo entender esa enfermiza manía por homogeneizar los gustos de la gente. ¿Hay gustos mejores que otros? ¿hay gustos superiores? A mi me gusta el azul y a ti el naranja ¿uno de los dos tiene más categoría que el otro?. Vale, ese ejemplo quizá no sea válido porque al fin y al cabo ambos son combinaciones cromáticas. A mi me gusta el Volkswagen Golf y a ti el Bentley Continental GT ¿es tu gusto superior al mío? No, en todo caso, es un gusto más caro, pero la elección de cada uno está condicionada por una serie de factores contextuales que nada tienen que ver con el bagaje intelectual o moral de cada uno.
Me deprime (bueno, en realidad me da igual, pero es triste) ver como cada día más, la gente se encorseta en una serie de roles dentro de lo políticamente correcto, lo que está bien visto. ¿Consecuencias? Renuncian a su libertad, sí, aunque suene dramático, es lo que sucede. Para que un contenido alcance el éxito debe ser consumido por una gran mayoría, si Juan Magan está donde está, no es porque le escuchen cuatro sudamericanos y dos chonis. Si Sálvame tiene los datos de audiencia que tiene, no es porque lo vean tres amas de casa y tu vecina del 2º. Seamos realistas.
Algunos se empeñan tanto en demostrar lo maravillosos, lo independientes y lo cultos que son, que terminan por anular su personalidad. “¡Oh! ¿cómo puedes decirme que no tengo personalidad? Si veo cine ruso en VO, hago fotos en sepia y escucho a cantantes que aún no saben que cantan” Si esos son tus gustos, bravo por ti, pero ésta crítica va por los que han asumido ciertos estereotipos como referencia de “lo que debe ser”.
Que no os de miedo ser vosotros mismos, la masa da calor y seguridad, pero joder acabamos de empezar un nuevo año ¡desmelenáos!

Libertad, esa palabra tan recurrente, usada por todos y respetada por pocos. Tiene un algo, una mística que a todos seduce, quizá sea porque cada uno la moldea plasmando en ella sus ideales.
Para Kant, por ejemplo, la libertad era algo muy restringido, sólo hay libertad cuando actuamos de forma autónoma en base a un fin, pero cree que en la mayoría de las ocasiones actuamos de forma heterónoma, subyugados a unos principios prefijados y unas convenciones sociales. Yo no podría estar más en desacuerdo, libertad es autonomía, sí, pero en un sentido mucho más amplios, no podemos olvidar que vivimos en un contexto y que incluso dentro del contexto preestablecido tenemos la posibilidad de ser libres. Moldear ese contexto, jugar con él.
No sé si la libertad es un estado mental, físico o un sentimiento, pero sé que es algo indispensable en la vida de una persona, el fin último. El que no vive en libertad, no vive, porque una vida esclava, una vida de sometimiento, no es una vida, sino una transición sin sentido.

Título original: Sutorenjia: Mukô hadan
Director: Masahiro Andô
Guionista: Fumihiko Takayama
País: Japón
Duración: 1 h y 38 mins
Año: 2007
Género: Animación - Acción - Aventuras (Seinen)
Reconocimientos: Nominada en 2008 a los “Asia Pacific Screen Award”.
Crítica: Nos encontramos ante una brillante película de animación con una ambientación perfectamente cuidada, desde la gran belleza paisajística hasta la majestuosa banda sonora. El hilo argumental es bastante sencillo, aunque no cae en los clichés del género y nos muestra una película bastante original.
La acción principal es desarrollada por Nanashi (significa sin nombre) y Kotarou. Nanashi, es un samurai anónimo que se enfrentará a un pasado que le ha llevado a perder su nombre y a sellar su espada. Kotarou es un valiente infante que carece de familia, lo cuál le ha llevado a ser autosuficiente y a descubrir el mundo por su cuenta, es muy desconfiado y guarda una estrecha a la par que tierna relación con su perro, Tobimaru.

Mención especial merece la banda sonora a cargo de Naoki Sat, el que ya ganara el premio a la Mejor Música por su trabajo en la banda sonora de la película “Always: Sunset on Third Street” , consigue transmitir el ambiente a la perfección haciéndonos partícipes de la melancolía que envuelve la narración.
Pero si algo hay que destacar de esta película, es la animación, apreciamos una técnica totalmente depurada, dónde los trazos son sublimes y transmiten una fluidez casi hipnótica. Algo especialmente palpable en los combates, los cortes, los golpes y los movimientos se suceden de forma totalmente armoniosa. En concreto la batalla final bajo la nieve, alcanza un nivel que personalmente nunca había tenido el placer de contemplar. Magnífico trabajo por parte del estudio de animación Bones.
Mi nota es un 8,5.